Expediente Nº LK01-S-2002-000012 de fecha 07/03/2005
Materia :PENALTema: SOBRESEIMIENTO
Asunto
SOBRESEIMIENTO POR INIMPUTABILIDAD (DEFECTO MENTAL GRAVE) Y ENTREGA BAJO FIANZA DE CUSTODIA A FAMILIARES DEL IMPUTADO
Conforme a los resultados de las tres evaluaciones (psiquiátrica, psicológica y neurológica) practicadas al imputado de autos, el ciudadano FELIPE CONTRERAS GARCÍA presenta un cuadro clínico de retardo mental moderado, organicidad severa y rasgos psicóticos. De acuerdo a la Psiquiatría Forense, el retardo mental está incluido dentro de los trastornos de disfunción cerebral. Las personas que presentan retardo mental no tienen un nivel cognitivo adecuado. Es decir, la captación de la realidad exterior es deficiente. En consecuencia, ello afecta el juicio. El juicio está ha sido explicado técnicamente como la capacidad que un sujeto tiene para resolver una concreta situación dada: atendiendo a las posibilidades de solución, implicaciones, consecuencias. Un sujeto afectado de retardo mental posee lo que se denomina un juicio pueril: No miden acertadamente las consecuencias de sus actos. A la par de lo antes dicho, tiene presente el tribunal que en el caso concreto, la experticia psiquiatrita determinó que el cuadro de retardo mental que presenta Felipe Contreras García pone de manifiesto que su juicio y raciocinio, son insuficientes, ajustándose más a los de un adolescente de 13 o 14 años que a los de un adulto. Asimismo que su memoria es deficiente al igual que su capacidad de retención y fijación. Ahora bien, la enfermedad mental que presenta el imputado afecta en forma importante su grado de conciencia y voluntad, y por vía de consecuencia su capacidad de autorregulación. Tal afirmación tiene fundamento en la experticia psiquiátrica la cual concluye: ¿El trastorno disminuye en forma sustancial y de manera permanente e irreversible, la capacidad para discriminar entre el bien y el mal o para evaluar evacuadamente la realidad. Bajo estas condiciones el sujeto puede ser fácilmente manipulable, influenciable y sugestionable por terceros o por personas inescrupulosas. Debe permanecer por tanto, bajo la protección, guía y cuidado de adultos o familiares responsables y mantenerse en control con psiquiatría en forma periódica y continua¿ (f. 106/107)¿. De las valoraciones realizadas al imputado, se observa que se trata de un cuadro mental de vieja data (anterior al hecho mismo) lo cual plantea el problema de la imputabilidad del imputado para hacer frente al presente juicio penal. En tal sentido, la imputabilidad de un sujeto en sede penal, requiere un conjunto de condiciones físco-psicológicas que lo hagan apto para responder culpablemente. Así adscribimos a las teorías subjetivas de la imputabilidad y por ende afirmamos junto a Jiménez de Asúa que ¿la imputabilidad, como presupuesto de la culpabilidad, es la capacidad para conocer y valorar el deber de respetar la norma y determinarse espontáneamente¿. Lo primero indica madurez y salud mentales; lo segundo, libre determinación o sea la posibilidad de inhibir los impulsos delictivos. Otros autores como Gaitán Mahecha y Mesa Velásquez asumen esta posición; el primero de ellos entiende la imputabilidad como ¿la capacidad de ser culpable, de actuar dolosa o culposamente¿ reconoce con Maggiore, que la culpabilidad es juicio sobre la conducta, en tanto que la imputabilidad es juicio sobre su autor y asevera que esta es presupuesto de aquella, porque solamente puede ser culpable quien tenga el carácter de imputable¿ (Reyes Echandía, 1997. p. 16-17) En el caso que nos ocupa es patente que la imputabilidad del imputado está seriamente comprometida como consecuencia de su estado de salud mental, quien para decirlo en palabras sencillas: no puede siquiera distinguir entre el bien y el mal, y por ende afecta gravemente su conciencia (estado del organismo gracias al cual tenemos conocimiento de lo que nos rodea y de lo que pasa en nosotros). Esto hace irreprochable penalmente la conducta atribuida al mismo. En tal sentido, dispone el artículo 62 del Código penal que: ¿No es punible el que ejecuta la acción hallándose dormido o en estado de enfermedad m